Ha llegado la hora del poder amante

“Ha llegado la hora del poder amante” es una afirmación que parte del deseo, de la necesidad y, por tanto, de la urgencia. La veo reflejada en decenas de decisiones aparentemente desconectadas, que cuestionan el poder que emana de nuestras instituciones y representantes. La enuncio para desligarme de las puestas en escena, estrategias y decisiones que emanan de los tronos de nuestra cultura. De ellos aprendemos códigos que luego llevamos a otros ámbitos sin darnos cuenta, porque una de las capacidades de los seres humanos es el pensamiento abstracto, es decir: podemos extrapolar información de diferentes ámbitos para llegar a conclusiones que faciliten nuestro paso por el mundo. Entre ellas destacan las vinculadas con el poder.

Creemos que los juegos a los que asistimos en el terreno público se quedan ahí, fuera de nuestros recintos más privados, pero no es cierto. El poder nos atraviesa. Regurgitamos el espectáculo que vemos en quienes reconocemos como personas poderosas y lo llevamos a todos nuestros monólogos, incluidos los que afectan ese espacio que creemos que sólo concierne a quienes aman con todas sus ganas, cuerpos y ensoñaciones.

Más allá del deseo y del amor

Llevamos eras amando, sin embargo hace apenas 100 años que los amantes nos atrevemos a discernir sobre el deseo por sí mismo, en cualquier ámbito. Ahora millones de personas en este mundo saben que el deseo puede generar complicidad, juegos, sensualidad, seducción, límites, intuición, instinto, empatía… y que el cuerpo permite culminar satisfactoriamente ese camino.

En este discernimiento por partes, quienes amamos también podemos reivindicar que el amor nos dará aquello que sólo a él le corresponde: generosidad, búsqueda del bien común, entrega, correspondencia, reconocimiento, respeto, simpatía, abandono…
En apenas un siglo hemos entendido que deseo y amor pueden ser suma, resta o multiplicación, lo que nos ha permitido experimentar el orgasmo de otra manera. La particular trascendencia que genera el éxtasis entre los amantes, esa petit mort que parecía propiedad exclusiva de la mística, se puede llevar a la cama con alegría. Los amantes saben que cuando el éxtasis atraviesa el cuerpo mueve unos hilos sutiles que les enlazan con la vida de manera radical.

El poder nos atraviesa

Sin embargo seguimos sin abordar abiertamente ese tercer elemento que nos atraviesa, que modifica nuestra forma de manifestar y satisfacer nuestros deseos, que declina el amor en actos cotidianos y modifica el rumbo del éxtasis: el poder.
Esta ceguera quizá se debe a que la humanidad, a lo largo de su historia, ha ido situando el poder en un trono sísmico, en la boca de un volcán que emana órdenes, impone y hace temblar el suelo de quienes viven a sus pies. Tantas veces le hemos reverenciado, tantas veces hemos creído sentirnos a expensas de fuerzas sobrenaturales encarnadas en un ser humano o un grupo, tantas veces les hemos pedido refugio, tan frágiles nos sentimos, que hemos logrado creernos que sólo existe un solo modelo de poder, el vertical, coercitivo y basado en privilegios. En paralelo, a modo de oasis, hemos ido relegando los otros posibles vínculos con el mundo a un terreno al que bautizamos como amor, un opuesto a ese otro tan violento. Y entre ambos mundos hemos inventado un muro infranqueable.

No es cierto.

El poder nos atraviesa.

El juego que creemos fuera, al que asistimos cotidianamente, ese plato en el que comemos un modelo de poder, alcanza todas nuestras células, sueños, intuiciones, modos de resolver conflictos, identidades… Los amantes lo saben, sobre todo cuando están en las distancias más cortas, aquellas en las que los cuerpos bailan, negocian o incluso se enfrentan.

Encerrados en lo prohibido

El momento en el que los amantes deciden hacer visible el poder a través de la práctica de la dominación/ sumisión, experimentando los límites del dolor sin hacerse daño, sienten que llevan a cabo un juego prohibido teñido de rebeldía. No están haciendo más que repetir una pauta secular. Fue durante la revolución francesa cuando Sade hizo visible parte de este camino; Masoch lo hizo durante las revoluciones de 1848. Lo que hoy llamamos sado/masoquismo está vinculado con reivindicaciones sociales y políticas, lo que hace evidente que la frontera entre lo público y lo privado es una construcción que beneficia a los privilegiados del sistema.

Ese abandono del amigo en el amado (tal como lo explicaba Ramon Llull en el siglo XIII) que en tantas religiones se ha vinculado con la mística, se enlazó con el poder como expresión de dominación al observarse desde el amado hacia el amigo y a partir de ahí arrancaron cientos de relatos que parecían rebeldes porque daban la vuelta al binomio, pero que no hicieron más que ahondar en el mismo modelo de poder.

Durante décadas los amantes hemos situado el poder en ese límite de nuestro jardín creyendo que aquel es el rincón de la osadía y la rebeldía. Hemos acordado que allí reside el vértigo de lo prohibido. Si tanto emborracha la idea de dominar, domar e imponer entre quienes aman hoy es porque el entorno en el que se desarrollan nuestras vidas es impositivo, violento, agresivo, piramidal y sembrado de privilegios.

El poder es un tipo de vínculo que establecemos con el mundo

Ha llegado la hora del poder amante. Existe un momento en la vida de cualquier ser humano en el que las hormonas generan un cambio radical en nuestro cuerpo y descubrimos el poder de Eros. Es en ese momento cuando se pone de manifiesto, de la manera más desnuda, qué dinámicas de poder hemos mamado y cómo, sin que exista un libro de instrucciones, llevamos a cabo actos vinculados con la dominación o la sumisión. Como si fueran los únicos términos en los que podemos desarrollar nuestro poder.

Convendría que recordáramos a quienes llegan a este planeta cada día y a nosotras/os mismas/os que el poder es un tipo de vínculo que establecemos con el mundo y quienes lo habitan con la intención de llevar a buen fin un deseo o necesidad propia a través de una acción transformadora. Para ello se ha de tener en cuenta al menos tres factores: A qué medios se tiene acceso, qué estrategias se usan y quiénes serán los beneficiados del ejercicio de ese poder.

¿Qué aprendemos de nuestros representantes políticos en sus estrategias de poder?: que los privilegios están por encima del bien común, por ejemplo, la falta de reconocimiento mutuo, la imposibilidad de que el poder piramidal pueda absorber dinámicas relacionadas con la negociación… ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? El escritor y filósofo belga, Raoul Vaneigem, afirma: “La gente que se llena la boca con la revolución y la lucha de clases sin referirse explícitamente a la vida cotidiana, sin entender qué es subversivo en el amor y sin un rechazo positivo de las ataduras, esa gente tiene muertos en la boca” en el ensayo que escribió en 1967, Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones.

Los amantes conocen otras formas de poder, otras dinámicas.

Es hora de asumir que quienes amamos conocemos otras formas de llevar a cabo nuestro poder, aquel que nos acompaña desde la cuna, que nos permite vincularnos con los otros para llevar a buen fin nuestros deseos y necesidades y que entre esos “otros” están, por supuesto, nuestros amantes. Se trata de reconocer que el poder es ese tercer vínculo que ya manejamos y que tiene otras dimensiones que nos permiten mantener relaciones de muy diverso tipo: libres, consensuadas, negociadas, violentas… determinadas por asuntos como el dinero, la clase social, la raza, la ideología, los valores… Todos estos factores desembocan en una ética amatoria que trasciende también lo privado y que se hace evidente cuando se va el deseo o se deshace el amor. Nuestra ética aflora de manera cruda, de ahí que en las despedidas, en las rupturas, salga a la luz lo que no quisimos reconocer: hasta qué punto nos atravesó el poder sin que nos cuestionáramos ante él.
Parémonos a pensar cuántas historias de amor terminan en un combate entre ex amantes y digámonos que “ha llegado la hora del poder amante”.

Hablaremos de esto el 16 de octubre, en la librería Alibri

He co-escrito un libro sobre este tema, se titula Te puedo. La fantasía del poder en la cama y en él desentraño qué lugar ocupa el poder en los besos, el koño, el pene, lo queer, la vida, el nosotros, el compartir… Parece que hablamos de asuntos que sólo conciernen a las personas implicadas o a nuestro imaginario erótico, pero no es cierto, tal y como desgranamos en las 28 palabras que hemos elegido, una por cada letra del abecedario. Se trata de un particular glosario del poder en el que incluimos varias propuestas que pocas veces aparecen en nuestras conversaciones.

El único deseo que tuve a la hora de escribirlo fue que los amantes saliéramos del armario del poder con alegría. Estoy muy agradecida a Los libros de la Catarata por su apuesta sobre este tema.
Del poder amante y sus alrededores hablaré el próximo 16 de octubre en la librería Alibrí (Barcelona), a las 19:00h, en compañía del escritor y periodista Jordi Cervera Nogués, con quien me une una larga amistad. Será una oportunidad para discernir con quienes quieran apuntarse a la conversación sobre qué modelos de poder podemos asumir para que nuestras vidas puedan dar un nuevo paso de manera integral.

Aún llevaré prendido en la piel el azul desde el que escribo, el del Mediterráneo a bordo de un velero humilde y franco, el GoOn. “Deseo, la estrella que nos guía y nos impulsa hacia adelante en el mar de los sargazos, la que sigue toda pirata cuando se lanza a la mar. Navegar, una tarea que no puede hacerse sola”, escriben en Etica amatoria del deseo libertario las Ludditas Sexuales, como si hubieran podido verme por un agujerito.