“La escucha activa y la empatía palian la verdadera pandemia del siglo XXI, la soledad”

Nadie salva a nadie. Esta sencilla afirmación se puede convertir en mantra si te dedicas varias tardes a la semana a descolgar el teléfono parar practicar la escucha activa con una persona desconocida. T.A. Dedica una media de 8 horas semanales a mantener el difícil equilibrio entre la neutralidad y la empatía. Descuelga y lo único que sabe es que dará aceptación incondicional a la persona que ha llamado buscando ayuda, y que debería hacerlo desde el «no-poder». No es que T.A. haya nacido así. Para poder atender a la llamada en el estado psicológico apropiado, se formó durante dos años. “No es nada fácil. Meditación, respiración, y experiencia llamada tras llamada son tres ingredientes importantes”. 

La suma de estos elementos no es sólo útil hacia al otro, ayudan a espantar la impotencia, porque en realidad quien descuelga el teléfono sólo está para acompañar a quien llama, practicar la empatía y, en ocasiones, informar de recursos sociales e instituciones. Pero incluso en esas situaciones más precisas (búsqueda de empleo, de un techo…) aparece nuestra forma de expresar las crisis emocionales. Normalmente las personas que no ven la salida usan un lenguaje lleno de sombras, capaz de enterrar cualquier camino de ayuda. Expulsar la conversación palabras como “nunca”, “culpa” y “siempre”, es un trabajo paciente. Escuchar lo que late tras esas palabras, las auténticas capacidades y sentimientos del corazón humano, y desenmascarar los pensamientos derrotistas es complejo, pero posible. ¿Cuál es “el truco”? A.T. nombra la palabra precisa: el amor. 

El amor es la esencia

“El amor es la esencia del sentido de la vida. Hay que tocarlo para que escape la carga eléctrica que corre por nuestras vidas de manera descontrolada en estos tiempos deshumanizados. El amor es una toma de tierra”. A veces, la carga de la conversación es tal, que puede llenar de angustia a la persona que atiende a la llamada y no sólo a la que sufre el problema. 

Hay una frase de Martin Seligman, un psicólogo de referencia para quienes se preparan para formar parte del equipo de voluntarios/as en esta entidad, que dice: “Las personas que valoran y expresan gratitud salen ganando en salud, calidad del sueño y relaciones, y rinden mejor”. Esa gratitud suele aparecer en ambas direcciones y cuando se enlaza con el compromiso, el tiempo dedicado a la persona que solicita ayuda (la llamada nunca es superior a los 45 minutos) parece un instante. Fluir, esa es la palabra, que ni siquiera es un reto. Se da o no se da, se fluye o no se fluye, y eso no depende del interlocutor sino de uno/ a mismo/a. 

“El retorno de una dedicación así es extraordinaria, a nivel personal y a nivel Universal. El crecimiento desde la humildad es extraordinario, no puede ser más auténtico. Mi madre formó parte del equipo fundador del Teléfono de la Esperanza  en Palma. Ella es una referente de bondad y cariño humano para mi. Y tenía razón en mi intuición cuando decidí seguir su camino. Tenía la necesidad de sentirme más humano desde el Ser, y este se manifiesta en los momentos menos favorables de otros semejantes”, asegura A.T. 

Cuando ofrecemos una salida al otro dibujamos también una puerta para nuestro futuro

No es el único. Son cientos las personas que atienden al Teléfono de la Esperanza. “Recibimos llamadas a un número centralizado, más de 100.000 al año solo en España”. Saben, porque lo han experimentado, que cuando ofrecen una salida también están dibujando para sí una puerta que quizás algún día quieran abrir en el futuro. 

Nadie salva a nadie es una afirmación liberadora. Probablemente este sea el espacio del planeta en el que haya menos salvadores por metro cuadrado y probablemente también sea el lugar en el que la Esperanza no se genera, ni se da, sino que se crea entre el que llama y quien le escucha. “Personalmente es una lucha interna de tu ego (herido una y otra vez por las circunstancias) frente al objetivo humanitario que sostiene esta ONG. Hay días en los que puedes atravesar momentos de profunda pesadumbre porque el punto de partida es la soledad y el sufrimiento, pero generalmente gozas de un retorno extraordinario porque tocamos “en carne viva” nuestra vertiente humana, la que nos constituye a todos, la que compartimos y que ahora aflora en la mayor parte de las personas, incluso en aquellas de muy buena voluntad. Porque el día a día puede hacer que esa voluntad quede literalmente abandonada y ofuscada”. 

A nadie le extrañará que A.T. quiera sembrar su flor de gratitud precisamente en esta entidad, porque “es una organización que recoge este espíritu de empatía, aceptación y escucha atenta”.

No hay ayudadores. La primera barrera que hemos de superar es la del propio ego..

La implicación de A.T. implica a su familia. En su casa hay unas horas a la semana en la que nadie entra en su cuarto, porque saben que lo que sucede en ella exige la más absoluta discreción y un ambiente relajado. En esa burbuja espacio-temporal abierta en su hogar se lleva a cabo el trascendental juego de la autenticidad. “La primera barrera que hemos de superar es la del propio ego. No hay ayudadores. No hay salvadores. Ese ejercicio es una catarsis ya de por sí estimulante y a la vez incómoda porque te aleja de tu zona de confort de montera drástica. Te conviertes en un escuchante activo desde la calma, y con un propósito claro que es el acompañamiento de otro ser humano que tiene en la mayoría de casos actitudes muy complicadas e incluso agresivas, pero ese reto es el que verdaderamente da sentido al servicio anónimo y generoso de los orientadores”. 

En cualquier camino siempre surgen umbrales que atravesar. Si A.T. tuviera que poner un nombre a su umbral lo llamaría “Conocimiento”, porque para que se hiciera realidad su deseo de que cualquier persona pueda compartir con otro ser humano sus miedos, sus inquietudes y su vida, sería necesaria una formación emocional y psicológica como la que reciben las personas voluntarias del Teléfono de la esperanza. “Las nuevas tecnologías hoy en día nos facilitan enormemente este reto”.

Si te apeteciera dar un paso

El número del Teléfono de la Esperanza en España es el 971 46 11 12. Pero, quizás, lo que desees es mostrar tu gratitud a esta entidad o alguna otra iniciativa, plataforma, asociación… situada en Mallorca por su forma de cuidar el bien común. Si es así, sómate a la página en facebook La mar de abrazos. Punto de Encuentro y cuéntalo. Allí podrás plantear dónde te gustaría sembrar una flor de gratitud y por qué.

Esta iniciativa contribuye a transformar nuestra imagen del mundo. El planeta necesita ser contado de manera saludable. Cultivemos el relato de ese futuro en el que queremos habitar. 

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