“Sería revolucionario que la Administración se relacionara de manera más fraternal y amigable”

El lenguaje de la cooperación y el apoyo mutuo suele arrancar la poética de los procesos creativos. En un orden del mundo en el que las personas se denominan “agentes” y a los deseos de niñas, niños y adolescentes se les llama “necesidades infantojuveniles”, por ejemplo, es difícil que arraigue la empatía de manera libre y alegre. LL.C. lo sabe, trabaja para la administración desde hace más de veinte años. Aunque considera que su trabajo es “ser pegamento” oficialmente su función es “técnico de intervención educativa”. Que los dos mundos se encuentran es innegable, sin embargo una parte de los procesos administrativos siguen enlazando necesidad con asistencia, lo que impide que la delicadeza y la irregularidad de la humana escucha activa fluya con alegría. 

“A veces es difícil que este nivel de escucha proceda de la administración. Por el contrario, a mí me cuesta no hacerlo. Las personas necesitan explicarse de manera natural, con su lenguaje y su tiempo. Para llegar a ciertos acuerdos o ciertas acciones es necesario que el diálogo se produzca desde el primer instante, de manera más fraternal y amigable. Profesionalidad y humanidad no tienen por qué ser incompatibles pero son los procesos administrativos los que hacen que la primera devora a la segunda. Para poder entender esas necesidades hace falta un tipo de oreja diferente y también poner muchos ojos, porque la capacidad de observación permite descodificar muchas cosas y esto te lleva a entender la necesidad y el camino para su solución”. 

Leer lo que no se dice, escuchar lo que no se hace…

… tener todos los sentidos abiertos y a disposición para que la realidad se transforme de la manera más amable y generosa, exige una presencia implicada y una mente dispuesta a entender que igual no es el momento adecuado para cubrir lo que necesita una persona, el barrio, el colegio, igual el objetivo es otro, o quizá necesite otro tipo de proceso. “La sensibilidad ayuda a marcar el camino a recorrer, un proceso que no se crea en solitario, que no es mío aunque intervenga en él. Tampoco se trata de cumplir con los objetivos de la Administración y sus plazos. Estos son aprendizajes que he ido integrando a base de caer muchas veces”. 

En el siglo XX el arte aceptó que los procesos formaban parte de la obra, incluso que podían ser la obra en sí misma. Las instalaciones efímeras, las performances, las intervenciones en el espacio… se hicieron un sitio junto a lienzos y exposiciones. Quizá le haya llegado el tiempo a nuestra sociedad de asumir que el cambio social que estamos buscando puede ser también un acto creativo en el que intervienen de forma activa las personas más vulnerables y no una gestión administrativa. Porque ¿no es creación pura que exista un coro infantil allá donde antes sólo había niños y niñas buscando un norte? ¿No es creación organizar un campamento vinculado con la informática y el arte para jóvenes que antes no tenían posibilidad de organizar su tiempo estival? Crear realidades amables para quienes más lo necesitan implica trabajar con personas (a las que el lenguaje administrativo denomina “agentes”) canalizar sus energías, indagar en su imaginación y sus capacidades para que surja el camino y conseguir las herramientas (el apoyo) adecuadas para transitarlo, ¿no tiene mucho de acto creativo? 

El poder transformador de crear lazos

“Ante la realidad de que la música no podía llegar a las familias, por ejemplo, me alié con el centro educativo “San José obrero”, bebí de fuentes de Cataluña o de Venezuela que han hecho proyectos vinculados con la música y la ciudadanía, y empecé a vender motos para que el proyecto tuviera una trayectoria comunitaria. En el camino fueron surgiendo aliados, personas capaces de romper barreras, gracias a las cuales un proyecto como Sons de barri implica hoy a Mater Misericordiae  o al Conservatorio Superior de Música de les Illes Balears, entre otros”. Después de haber participado en decenas de proyectos en el barrio de Son Gotleu, Ll.C. ha necesitado respirar su elección antes de situar la flor de gratitud en el mapa. Atendiendo a su corazón ha elegido los huertos urbanos del Institut Josep Sureda I Blanes, un espacio de participación que lleva 12 años en pie, contra viento y marea, pionero de los Huertos Urbanos y Ecológicos de Palma (HUEP), que se sigue ofreciendo como espacio de relación y convivencia y agricultura. “Fueron los primeros huertos en Palma, ha conocido momentos de esplendor y momentos bajos muchos altos y bajos, sobre todo cuando se amplió la vía de cintura y modificó su estructura, y aún así las personas siguen apostando por él. Honro su existencia”.

Mientras LL.C. cuenta su labor, en el aire se van dibujando cuatro saberes, necesarios para llevar a cabo procesos creativos vinculados con el bien común. El primero de ellos es Saber dar aliento. “En este caso es innato, forma parte de mi carácter; siempre estoy alentando, no se suele reconocer el compromiso de las familias, por ejemplo, no se les suele dar las gracias por su participación, pocas veces un educador o educadora les dice “mira, me pasa esto con tu hijo, ¿tú como lo haces?, yo trabajo desde el refuerzo positivo, no sabría hacerlo de otro modo”. 

De los cuatro saberes necesarios

El segundo es Saber preguntar. “Bueno, ese todavía lo estoy aprendiendo. Afortunadamente he tenido grandes maestras que me han enseñado lo importante que es dejar que la otra persona se exprese, aunque para ello haya que salirse de los plazos o prescindir de ciertos procedimientos, porque cuando se hace la pregunta adecuada el otro se convierte en un libro abierto y junto con las ilusiones y los proyectos fluyen las tristezas y los bloqueos y es entonces cuando es posible la transformación. Peo para mí sigue siendo un reto” 

El tercer saber es el de la visualización, ser capaz de trazar un mapa mental a partir de un problema, saber diseñar la estrategia. “Miras el conflicto, los recursos con los que cuentas, y te vas a casa paseando el cómo, a ver si se enciende la luz, para poder compartirla con el otro. Hacer las cosas con el otro es mucho mejor y más sencillo. Se trata de rescatar los vínculos y que sea el otro también que reme contigo para alcanzar un buen puerto. De este modo la estrategia se convierte en un juego compartido, Es importante recordar que nuestros vínculos son un recurso,  y que es clave saber adaptarse a lo que sucede, no tener miedo a improvisar cuando llegue el momento porque eso no significa perder foco sino adaptarte a lo que te ofrece el camino. En esta visualización es importante entender los objetivos, observar la situación, ver cuáles son las personas o entidades que pueden tener una visión común ante esa realidad y darles su espacio”. 

Y, por último, saber contagiar. La persona que contagia forma parte del camino compartido, esa es la clave: se siente parte, se implica y se ilusiona. “Dices en alto lo que te gustaría, expresas lo que has entendido de su sugerencia, reconoces el vínculo de confianza y sabes que si te unes al carro vas a tirar y que cada persona que se implique también lo hará, poniendo su propio sello. La diversidad enriquece el espacio común”.  

Lo que pesan los egos

Cuando Ll.C. dibuja el umbral que le gustaría cruzar para que el cuidado del bien común prosperase pone encima de la mesa el ego: “También hay demasiado protagonismo y demasiados egoísmos en estos espacios de cooperación y apoyo mutuo. Me gustaría que las partes económicas y las voces que exigen protagonismo o espacios de poder se relajaran y comprendieran que es la comunidad, que son las sinergias de colectivas las que nos dan valor, fuerza y aprendizaje. Si lo vieran de esta manera avanzaríamos mucho más. No sé si tendré la fortuna de ver que esto sucede”

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Si quisieras mostrar tu gratitud a alguna entidad, iniciativa, plataforma, asociación… situada en Mallorca por su forma de cuidar el bien común, asómate a la página en facebook La mar de abrazos. Punto de Encuentro. Allí podrás plantear dónde te gustaría sembrar una flor de gratitud y por qué.

Esta iniciativa contribuye a transformar nuestra imagen del mundo. El planeta necesita ser contado de manera saludable. Cultivemos el relato de ese futuro en el que queremos habitar. 

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