“Si un aprendizaje entra desde la emoción se queda para siempre”

Dicen que cocinar es pura alquimia, que los alimentos van ofreciendo sus secretos gracias al tiempo, a la temperatura y a la combinación entre ellos y que el resultado nunca es una suma sino algo nuevo y diferente en cada ocasión porque tiene el poder, también, de transformarse en cada paladar. Visto así, cocinar se convierte en un arte sólo accesible para personas con una capacidad especial: la de hacer “milagros” con sus manos. 

Lo que pocos imaginan es que una cocina puede ser también el lugar en el que las personas, y no sólo los alimentos, pueden transformarse. Para que esto suceda es necesario un don especial también. M.F.G. lo conoce: “Si crees en lo que haces y crees en la persona que esta enfrente de ti, hay una chispa que se enciende y cambia las cosas, cambias tú.”

¿Pero qué es lo que hace M.F.G. y quiénes son las personas con las que se enciende esa chispa? La respuesta incluye la palabra “simplemente”, que es común en todas las personas que aparecen en este mapa. Todas, todas, están convencidas de que lo que hacen es natural, sencillo. ¿No es curioso que lo excepcional sea simple? El caso es que M.F.G. se considera “simplemente” una guía que orienta a quienes se sienten perdidos. “Son adolescentes, la mayoría ha fracasado en el sistema educativo ordinario. Son chicos que están desmotivados, con baja autoestima y que no tienen claro su futuro”. 

La magia de enseñar con amor en la cocina

Pues bien, lo que M.F.G. hace es, “sencillamente” impedir que no se pierdan por el camino y lo hace en un lugar especial: la cocina. “Tengo muchas pasiones pero la cocina y la educación me llenan, van de la mano: si lo haces con amor, con estima, transforman (son polvos mágicos)”.

Educar en la cocina ¿no suena ya a mágico? 

M.F.G. encabeza los talleres de cocina que organiza el Centro de Educación Especial Mater Misericordia. “En estos talleres ofrecemos una formación y una orientación para una futura inserción laboral. También les enseñamos a ser personas adultas, responsables y  autogestoras. Si al final la cocina no es lo suyo les orientamos a encontrar su don o sus gustos en otros espacios”. En el centro se han desarrollado muchos proyectos comunitarios entre diferentes entidades y centros educativos del barrio, creándose una red de aprendizaje comunitario e inclusivo donde su alumnado se ha podido beneficiar y encontrar su camino, por eso quiere situar allí su flor de agradecimiento. 

De los fogones a la calle

Quienes han pasado por los fogones de M.F.G., han enlazado la cocina con proyectos como Sons de barri, Feria del libro de Son Gotleu, APS (aprendizaje y servicio), prácticas restaurativas o incorporarse a través del Centro Especial de Empleo Mater Treball i Natura, en el aprendizaje de la reparación de plásticos y desde ahí sumarse a inciativas relacionadas como Art i plàstic, etc.

En cualquiera de estas posibilidades la clave está en entender que “Si  un aprendizaje entra desde la emoción se queda para siempre“ y en llevar a la práctica hasta las últimas consecuencias esta afirmación: “El aula no debe estar encerrada en un edificio (escuela). Alumnos y alumnas tienen que salir, el mundo es la mejor escuela. Por eso creo firmemente  en el trabajo  en comunidad. He tenido la gran suerte de trabajar en la plataforma de son Gotleu y estar en su comisión educativa  representando Mater”.

Pero volvamos al principio: La cocina puede también ser pura alquimia para el alimento y un lugar de renacimiento para las personas. Si seguimos la estela de M.F.G., podemos distinguir alguno de los elementos que logran esta transmutación: el amor, el reconocimiento de los dones y gustos, las redes de trabajo comunitario, y el aprendizaje desde al emoción, que por lo visto no la siente sólo quien recibe la formación. El truco consiste en que la emoción ha de partir de quien educa y desde ahí hacerse contagiosa:  “Enseñar en la cocina es muy motivador, ya que ves los resultados enseguida. Y, claro, cuando ven que pueden hacer algo bien, se motivan y esfuerzan. Empiezan a creer en ellos mismos. Son capaces de lograr muchas cosas”. De este modo la emoción se vuelve una espiral regeneradora. 

Hay caminos que adquieren forma al andar

Constatar estos resultados da sentido al recorrido hecho, a una formación que, como la de M.F.G. (estudió pedagogía terapéutica), va adquiriendo forma a medida que se hace el camino. No hay más destino, pues, que el que dibuja en el horizonte el día a día. ¿Quién iba a decirle que tras 8 años de ponerse al frente de Travail Cocina. Transición a la vida adulta inserción laboral en Mater, terminarían agradeciéndole su compromiso amoroso, silencioso y fiel con cada persona que ha acudido a su cocina? Y no sólo los y las adolescentes, sino quienes han trabajado con M.F.G. “La alquimia se produce cuando menos se la espera, supongo”. 

Y así, en esta sencilla desnudez, Marta exclama el umbral que quiere cruzar: “¡Volver! ¡¡¡Unirme!!! A la naturaleza, al ser”.

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