“Nacimos para ser alegres y no nos damos cuenta”

Después de conversar con G.G. es fácil tomar conciencia que el principio y el final de nuestros actos están unidos, que todos los días renacemos y que la muerte forma parte de la trama de la vida. El pasado, así, no tiene orden cronológico y el presente, así, se acerca a la infinitud. Ella se formó para ser doula, una persona que acompaña el proceso de gestación, nacimiento y primeros meses de vida de un ser humano, pero “una vez que terminé el curso pensé ‘soy la primera cara que ve este ser recién llegado a la tierra, le doy la bienvenida’ pero mi corazón me dijo’ prefiero ser la última cara que ven’ y así comencé mi nuevo trayecto”.

Ese nuevo trayecto es el que hoy le agradecen, por eso tiene un sitio en “La mar de abrazos”.  El reconocimiento del hilo de su destino sucedió el día en el que descubrió, a través de un blog, la existencia de un señor que organizaba Death cafés en Londres. Busqué en la isla y no encontré nada. Era precisamente lo que andaba buscando: un punto de encuentro en el que conversar con libertad y alegría sobre uno de los principales tabúes de nuestra cultura: la muerte. “Joan Underwood (sí se llamaba el caballero) me pareció un visionario muy generoso. Veía un mundo en el que las personas hablaban sin temor de la muerte y por eso vivían mejor. Así que me puse en contacto con él y le dije que quería asistir a un death café. Entonces me respondió: ‘muy bien, será donde quieras, lo vas a montar tú’. Me sorprendió y al mismo tiempo me pareció de lo más natural”. 

La muerte: libre de expertos, libre de costes, libre de agenda

Y así, con naturalidad, buscó un rincón amable en Binissalem, la ciudad donde vive. Debía ser un espacio en el que se pudiera tomar té, café, unos dulces, mientras conversaban, lo encontró y lanzó la convocatoria. La cita sería una vez al mes. La mecánica es sencilla: No hay orden del día, el único tema es la muerte. En la charla nadie tiene opinión, no hay discusiones, porque la clave está en “practicar una escucha profunda. Es un espacio libre de costes (no se cobra) y libre de expertos”.

Corría el año 2015. Desde entonces los encuentros se han multiplicado en Deià, Esporlas, Manacor, Sa Pobla, Palma, Palmanova, Alcúdia. Nunca ha habido tanta necesidad de hablar sobre la muerte cara a cara con personas casi siempre desconocidas, sin ningún fin específico, sin querer llegar a ninguna conclusión.

“La mayoría de los habitantes de Mallorca no saben que existen algunos servicios públicos que ayudan a las personas en su duelo y tampoco saben acceder a ellos”. Pensó que con la pandemia la muerte cambiaría de algún modo sus conversaciones, quizás se acercaran más personas, quizás los habitantes de la isla estarían más predispuestos a hablar sobre el tema. Pero no ha sido así, simplemente los encuentros pasaron a realizarse de forma virtual y eso hacía más flexibles los horarios, nada más. “Creo que en Mallorca prevalece la voluntad de vivir en el paraíso. Por eso algunos de los que vienen traen mucho sufrimiento, no saben a dónde ir. Quienes acudieron durante el confinamiento a las citas online no llegaron con más miedo o más urgencia o más preocupación que en otras ocasiones y lo que encontraron fue lo de siempre: el cuidado, porque el Death Café  es una invitación hecha con mucho amor. No hay un yo diciendo “debéis de entenderlo mejor”, sino un nosotros, una voluntad de reflexionar en común sobre la muerte desde la dulzura. Ser suave es muy importante, sobre todo hoy en día en el que el miedo se inculca. Ese estado de ánimo bloquea la capacidad para vivir bien”. 

¿Pero por qué hablar de la muerte?

¿Qué ventaja tiene conversar sobre lo inevitable?

“Porque si no tenemos una reflexión sobre la única garantía de esta vida, que es la muerte, no vamos a vivir bien. Si no tenemos una comprensión holística y espiritual sobre la muerte vamos mal encaminados en la vida. La muerte simplemente es una transición. Puedes preguntarte hacia dónde transitamos y encontrarás una respuesta en cada ser humano, pero lo que sí es común, cierto para todos, es que para transitar bien, hay que vivir bien. Abrazar este hecho nos permite vivir una buena vida y morir en paz. Se puede morir bien en vez de morir en sufrimiento y esto es un concepto muy amplio. Por ejemplo, al normalizar el tema nos permitimos exigir a los profesionales, a las instituciones, a las personas implicadas. Si de repente estás en el proceso de muerte y no encuentras la compasión y la humanidad necesaria en el equipo de los profesionales, y te ves entre luces fluorescentes, maquinaria, turnos, procedimientos y papeleos… pues no puedo pensar en nada peor. Hay individuos que ya están cambiando las cosas precisamente porque abordan la muerte desde la vida, como el doctor Enric de Benito, por ejemplo, gracias a él los cuidados paliativos en esta isla son un espacio pacífico con mucho amor y generosidad, o el doctor Vicente Arráez en Elche, que introdujo la compasión en la UCI”, explica G.G.

Pondría una flor a lo pies de cada uno de los Death Café en los que ha participado, pero, por razones estrictamente sentimentales (por haber sido su punto de partida), sitúa la flor de gratitud en el mapa de #LaMarDeAbrazos en L’Exquisit (C/Rectoria 2), el punto de encuentro de Binissalem. En todos ellos ella facilita y también aprende de lo que sucede. “Hace 15 días participé en un zoom con americanos e hicimos una visualización sobre nuestro proceso de muerte, imaginábamos dónde estábamos, con quién, cómo estábamos y qué sentíamos de nuestra vida. Entonces me salió una emoción y unas lágrimas… Al conectar con este proceso de morir me di cuenta de que no me había amado lo suficiente en esta vida. ¡Vivir es eso! ¡Se trata de amarnos y no nos amamos!, pufff,… Nos decimos eres gorda, eres horrible, no eres lo suficiente…” 

La muerte nos recuerda que nacimos para ser alegres

Por eso cuando se plantea el umbral que querría que la humanidad traspasara es contundente: “Querría que traspasáramos el umbral de la alegría porque nacimos para ser alegres y no nos damos cuenta. Creemos que la alegría viene a través de las posesiones, trabajo, relaciones… y la alegría está dentro de nosotras. Como no la encontramos dentro, la buscamos fuera. Quiero un mundo en el que la alegría esté dentro y al mismo tiempo expuesta a todos”.

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Si quisieras mostrar tu gratitud a alguna entidad, iniciativa, plataforma, asociación… situada en Mallorca por su forma de cuidar el bien común, asómate a la página en facebook La mar de abrazos. Punto de Encuentro. Allí podrás plantear dónde te gustaría sembrar una flor de gratitud y por qué.

Esta iniciativa contribuye a transformar nuestra imagen del mundo. El planeta necesita ser contado de manera saludable. Cultivemos el relato de ese futuro en el que queremos habitar. 

#NarrativaRegenerativa  

#NarrarConDelicadeza  

#LaMarDeAbrazos

#MallorcaEnElJardín

#Gratitud