“Se trata de hacer desde dentro, de ponerte al lado del que pide y sostener el silencio”

¿Cuántas veces podemos renacer (voluntariamente) en la misma vida? No, no “elevarse de tus cenizas”, Renacer, volver a mirar la vida como si todo permaneciera intocado y se pusiera a tu disposición sin necesidad de vivir la destrucción. Renacer, no resucitar. Aprender a caminar, a titubear, a nombrar el mundo, a adquirir consciencia de ti, a crecer porque eres capaz de cambiar de piel y transformarte en vida. 

A veces tenemos el privilegio de cruzarnos con un ser humano que ha hecho eso, renacerse, y es bastante fácil que peine canas y que se trata de reconocer la propia esencia, de dar voz a ese susurro interior que acompaña a los seres humanos desde que abrimos los ojos por vez primera en este mundo aunque no todas las personas atienden. Se refieren a ese rumor que nos empujó a chupar, a gatear, a subirnos a un columpio, a dar el primer beso con lengua… o a ser maestra como le sucedió a C.F.A., quien parió 8 hijos, cuidó a su familia y vivió una vida completa sin dejar de escuchar el murmullo interior. 

El valor de unna mirada de agradecimiento

Sucedió el día en el que C.F.A. cumplió esa edad en la que nuestra cultura sitúa la frontera productiva, lo que suele hacernos sentir oficialmente ancianos/as. Había llegado el momento de plantearse “Si te liberaran de las responsabilidades del cuidado de la familia y del trabajo ¿Cómo sería tu nuevo lugar en el mundo?” y no tuvo ninguna duda: “por fin podía dedicarme a ayudar a los demás, algo que he deseado toda mi vida”, como si acompañar a 8 vástagos en su crecimiento no fuera una dedicación parecida. “A los 65 empezó mi nueva vida, en la que llevo 20 años de compromiso activo. Es algo que me sale de dentro, me da alegría. Una mirada de agradecimiento es un regalo mayor que lo que damos”.

El primer paso de su nueva vida fue incorporarse como voluntaria en el Teléfono de la Esperanza. “Allí aprendí a decir que no. Una gran lección. En esta existencia siempre vas aprendiendo y comprendí que a mí me quedaba mucha vida por delante”. Su inquietud también le llevó a colaborar con Cáritas, a atender por las mañanas en la tienda de comercio justo del Convento de les Frares Caputxins, pero será su condición de maestra jubilada la que le llevará a encontrar su destino más profundo.

Un paso al frente para cuidar a los mayores de la ‘tribu’

“Había llegado el momento de acompañar a las maestras y maestros, a quienes fueron mis compañeros de profesión más ancianos. Estar cerca de quienes vivían sin compañía, acompañar por turnos a quienes ingresaban en las clínicas para no dejarlas solas… Me convertí en la presidenta de la Germandat Del Mestres Jubilats I Jubilades De Les Illes Balears. Realizábamos fundamentalmente una labor de voluntariado que incluía actividades de lo más variada, desde organizar una comida durante las fechas navideñas para que los solitarios se sintieran acompañados a formar clubs de lectura, gimnasia…”

“Se convirtieron en mi segunda familia. Yo también disfrutaba de las actividades, llegué a ser profesora de bridge, formar parte de viajes organizados… Se trataba no sólo de ayudar sino de hacer desde dentro, de poner al lado del que te pide y hacerlo como una más, con un alto grado de empatía, rompiendo la barrera que se para al que recibe la ayuda de quien la otorga. La hermandad me dio mucha vida, fui muy feliz durante los 10 años que fui la presidenta. Por eso quiero situar mi flor de agradecimiento a sus pies. El caso es que llegó un momento en el que asumí que debía pasar el testigo a gente más joven, que aportara nuevas cosas, a maestras y maestros recién jubilados. Además, sentía que me exigía mucho tiempo. Así que pasé a ser una mas. Seguí siendo profesora de bridge y seguí disfrutando de la certeza de la hermandad”.

No dejarse arrastrar por el desánimo, el desencanto, el miedo o el pesimismo

Fuera del entorno de la hermandad, C.F.A. mantuvo también durante un tiempo su participación en el movimiento cristiano Gent Gran Vida Creixent, una iniciativa fundada en Francia que se ha extendido por muchas ciudades europeas. “Yo era la tesorera. Organizábamos excursiones, conferencias y diversas actividades para personas mayores. Su objetivo es dignificar el proceso de madurez y envejecimiento, y a vivir con dignidad y sentido, porque las personas ancianas no somos unos trapos que se han de arrinconar porque molestan. Tenemos unos valores que dan sentido y esperanza a nuestra vida no podemos dejarnos arrastrar por el desánimo, el desencanto, el miedo o el pesimismo y lo digo con mayor motivo en estos tiempos que estamos viviendo”.

No hace falta mucha imaginación para entender que el impacto de la COVID19 cambió la agenda de C.F.A, y de su segunda familia. Es cierto que este es el momento de aquietarse, algo excepcional para C.F.A. pero, a pesar de todo, recuerda que existe un bullicio interior que no debe cesar. Por eso sigue  recomendando a las personas que se jubilan “que no se queden en casa, que busquen cosas, que se enlacen con ilusión, que sigan viviendo, que no se sientan jubilados. Y que busquen en el abanico social. Busca lo que te llene más, lo que vaya mejor con tu manera de ser. El resultado es mucho más que la satisfacción personal, se trata de no esperar en casa a que pasen los días. Aunque este virus nos ha parado físicamente, se trata de procurar seguir aprendiendo, de tener ilusiones. La jubilación puede ser la puerta a una nueva vida, a una nueva manera de ser y de hacer”.

¿Y si reepartiéramos los bienes de forma equitativa?

A la hora de preguntarse qué umbral querría que cruzáramos los seres humanos para hacer este planeta más amable, C.F.A. hace un repaso a los cambios de los que ya ha sido testigo: “Cuando era pequeña había diferencias sociales tremendas. las señoras tenían su pobre, las chicas de servicio vivían y trabajaban en muy malas condiciones, vivían marginadas. Sin embargo sigue habiendo injusticias, permanece la cuestión bélica…  pero si tuviera que elegir qué me gustaría dejar atrás (aparte de este virus) elegiría acabar con la injusticia en todos los aspectos de la vida. Ya sé que son utopías, pero querría vivir en una sociedad en la que todos fuéramos iguales y en la que se repartieran los bienes de forma equitativa”.

Antes de terminar la conversación, C.F.A. vuelve a recordar: “la flor de agradecimiento es para la Germandat Del Mestres Jubilats I Jubilades, eh. Porque ha sido mi media vida”

Tú también puedes formar parte de este jardín

Si quisieras mostrar tu gratitud a alguna entidad, iniciativa, plataforma, asociación… situada en Mallorca por su forma de cuidar el bien común, asómate a la página en facebook La mar de abrazos. Punto de Encuentro. Allí podrás plantear dónde te gustaría sembrar una flor de gratitud y por qué.

Esta iniciativa contribuye a transformar nuestra imagen del mundo. El planeta necesita ser contado de manera saludable. Cultivemos el relato de ese futuro en el que queremos habitar. 

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