¿Dónde está la puerta de salida?

Regresar a los lugares en los que se fue feliz es desconcertante. No se trata de que el espacio se haya transformado, que sus gentes hayan envejecido o ya no estén, es como si los matices del mundo hubieran cambiado de dimensión y a todo lo que encontraras le sobraran o le faltaran algunos centímetros. Regresamos a Nisyros, una de las islas volcánicas del Dodecaneso, en el que hemos sido felices varias veces. El volcán permanece, impertérritamente ocre, el Meltemi sigue arrancándole lamentos a la costa y las personas mantienen esa calma amable que facilita la confianza; aparentemente todo sigue igual y sin embargo hay algo que no encaja.

No es la primera vez que experimento esta sensación, de hecho, incluso habiéndola vivido he vuelto a ser feliz de otra manera. Precisamente por eso dejo que suceda y que los centímetros de más y los de menos me digan su nombre. Les doy la bienvenida ampliando la sonrisa y dejando que un leve rocío de melancolía endulce mis ojos y ablande mis pretensiones. Nos acompañan J.R. Senior y J.R. Junior, ninguno de los dos ha pisado nunca esta isla. El capitán da las recomendaciones precisas para que se sacien con lo esencial de esta isla y yo les voy dando detalles de los centímetros desajustados con la intención de hacerles vivir tres, seis, viajes en uno.  

Por ejemplo, no podrán vivir el panegiri con el que nos encontramos hace más de cuatro años en Emporios (uno de los pueblos asomados a la boca del volcán) con el que los paisanos parecían celebrar el final de la temporada de verano y el comienzo de un otoño merecidamente tranquilo. Sin embargo han sido felices, los dos J.R. con sus propios instantes, el capitán con los suyos y yo con esos detalles que permanecen y que quizás no encajen en una nueva estancia: correr por la carretera de la costa libre de tránsito a primera hora de la mañana; pintar con las acuarelas tras el baño en las aguas termales del balneario de Loutra (cuyos pequeños habitáculos de mármol y bañeras para cuerpos del tamaño de hace dos siglos parecen no haber cambiado desde que las inauguraron en 1872); Afrodita dejando su restaurante para ayudarnos a amarrar frente a su pequeño restaurante en Palon; el sonido del viento en los olivos e higueras durante el recorrido en moto por los pies y la cresta del volcán al anochecer… y la incógnita del mar, siempre airado en esta zona, que obliga a elegir la hora precisa en la que zarpar.

Y cuando el azar, intentando ser amable, vuelve a regalarte un encuentro inesperado, como una boda en la pequeña capilla del islote Agios Stefanos (frente a Kos), de repente aquello que fue mágico y celebrado se desacraliza. Aunque seguimos disfrutando de los detalles, aquel encuentro pierde todo aquel encanto… para mí, para el capitán, pero no para los dos J.R. 

Una isla llamada vidrio

La isla de Gyali (“Vidrio” en griego, por su obsidiana) suele servir de refugio para navegar en torno a Kos. Fondeamos su costa sur cuando el Meltemi se apacigua y aún así se sigue mostrando tenso. El GoOn no es el único; es más, suele ser una de las paradas elegidas por las golondrinas que ofrecen salidas con baño, bebida y música a los turistas. Entiendo que este lugar sea un refugio para navegantes pero elegirlo como destino me remite a la ceguera de la cultura neoliberal. Las minas de piedra pómez han convertido esta isla en un lugar definitivamente inhabitable, los dientes de las máquinas van rasurando las dos colinas unidas por un istmo de apenas 250 metros de ancho, lo que a vista de satélite le confiere la forma de una mariposa pero que de cerca la muestra como un no-lugar industrial. Es como si eligiéramos desplegar nuestros manteles para una merienda campestre ante una cementera. La fiesta continúa en el barco de madera que quiere recordar a un bajel pirata delante de una tierra abierta en dos y el GoOn en silencio.La explotación minera ha convertido esta isla llamada Vidrio en un territorio prostituido, sólo valorado por su productividad. Dicen que las dos empresas que las explotan han llevado a cabo siembra de árboles que no hemos visto por ningún lado, de modo que no sólo me lo tomo como un greenwashing sino como un insulto. Es más: como una crueldad, como si al ser que descuartizas le llevaras a la peluquería para que al menos se sienta guapo. 

Gyali es uno de esos centímetros que permanecen intactos en las travesías que hemos hecho, quizá porque sea la parte dolorosa del viaje feliz, quizá porque el tiempo no modifique las injusticias y sólo las haga más dolorosas, o quizá porque la felicidad sea una isla rodeada de un mar de malestares, de ahí que los lugares en los que la experimentamos nos parezcan un paraíso impermanente. 

La famélica vaca enriquece y nos amamanta

Vuelvo a escribir los nombres de las compañías mineras: Aegean Perlites S.A., cuyo permiso de explotación finaliza en el 2034 (si el estado griego no se lo renueva antes) y LAVA Mining & Quarriyng, filial del grupo Heracles, que se describe como la mayor exportadora de piedra pómez del mundo. Mi imaginación se dispara. ¡Una isla tan pequeña, de unos seis kilómetros de longitud, puede situar a una empresa a la cabeza del ranking mundial de exportaciones!. Para hacerme una idea de la leche que da esta famélica vaca, leo que Aegean (la que no ocupa el primer lugar en este ranking) extrae 80 toneladas por hora, lo que supone un total de 250.000 toneladas al año. Ojo que no estamos hablando de un material pesado, sino de una roca porosa y ligera. No soy capaz de imaginar lo que ocuparán tantas toneladas de piedra pómez y cuánto se tiene que excavar para que salgan de la tierra y lleguen a nuestras manos. 

Por vez primera en mi vida reparo en la cantidad de usos que damos a esta humilde roca: desde la mezcla usada para absorber el orín de los gatos a los exfoliantes para las durezas de nuestra piel, pasando por los filtros para acuarios, las coberturas que permiten ahorrar agua en el riego de cosechas y jardines, los compuestos que logran absorber olores o productos químicos de las empresas petrolíferas… La enumeración me lleva a conectar con la voracidad de la especie humana, a la que pertenezco, Somos unos ases en crear nuevas necesidades. 

Suelo comentar que una de las características de viajar en el GoOn es que no es fácil mirar para otro lado. Los debates, las conversaciones, las reflexiones compartidas, surgen, se desarrollan y terminan con todo el tiempo que necesite su deliberación. Es decir, nadie puede decir “uy, me voy que se me quema el arroz”. Lo que olvido contar es que cuando un tema no genera interés se convierte en un monólogo que se debe resolver en solitario porque tampoco hay muchas formas de cambiar de tercio. Abordar el asunto de la piedra pómez ha sido uno de esos durante un par de días, hasta que hemos dejado definitivamente Gyali con un Meltemi poco negociador que nos escupe hacia Kos al amanecer. Entonces abordamos, de manera breve, este asunto. Aunque soy la única que muestra su incomodidad al considerar que aquello con lo que limamos nuestros pies  procede de una tierra rota como la que tenemos delante y cuyo desgarro apenas llama la atención de nadie, las objeciones son comunes y, por tanto, la conversación sólo da para un breve intercambio de afirmaciones.  

Volver también a ciertas preguntas

Mientras el GoOn avanza y el día se abre, contemplo mis pies con cierto desdén y vuelvo a preguntarme dónde está la puerta de salida. Digo “vuelvo” porque ha sido una de las preguntas que más ha dado de sí en las conversaciones con el capitán desde que salimos de esa otra isla, explotada, herida y maquillada, llamada Mallorca. Si tuviera que resumir las reflexiones que hizo en el ferry, en los aeropuertos y en el largo tránsito que nos llevó al GoOn destacaría las siguientes afirmaciones: 

“Hay que sentarse a considerar, analizar, y tomar decisiones sobre el crecimiento demográfico de Mallorca”. ”Todo el mundo habla del impacto del turismo pero este es un problema mayor al que no hacemos caso. Está alimentado por los movimientos financieros y no sólo implica la ocupación del territorio sino su degradación medioambiental y económica”. “Quienes habitamos en esta isla no nos ponemos de acuerdo en cómo parar los procesos que devastan la isla”. “En los contenedores de nuestro barrio, atestados de muebles viejos, cajas de cartón de las nuevas adquisiciones, dan fe de que mucha gente entra y sale de esta isla, también en los barrios humildes”. “En veinte años hemos crecido 600.000 personas, es como si un Manacor entero cayera cada año, a lo largo de esos cuatro lustros, sobre Mallorca”. “Se calcula que cada año se han instalado en Mallorca una media 80.000 personas y se han ido 50.000. Quizás debiéramos de preguntarnos por qué vinieron y por qué se van”. “Decrecimiento, decrecimiento, decrecimiento, esa es la única salida, pero ¿quién le pone el cascabel al gato?”.

Nos pasamos el viaje de camino al GoOn intentando dibujar esa puerta de salida. Para imaginar la conversación conviene aclarar dos cosas: que soy una de esas 600.000 que han caído sobre la isla en estos 20 años y que desde que me instalé en ella mi sutil dislexia encontró un nuevo nicho y tengo que pararme a diferenciar “llegadas”y ”salidas” cada vez que voy al aeropuerto. Me explico: Quien viva en Palma y conozca Son Sant Joan sabrá que uno de los trucos para evitar los atascos cuando te van a buscar es quedar en la puerta de salidas. Pues bien, mi cabeza hizo el siguiente ensamble: ”cuando llego, salgo del aeropuerto, por tanto, tomo la puerta de salida”, suena absolutamente lógico ¿no es cierto? De hecho todas las flechas indican “salida” en el interior de las instalaciones aeroportuarias. Pero, claro, si se ve desde el lado de la ciudad, la puerta por la que tengo que entrar para tomar el avión es la de “salidas”. Total, que de golpe para mí todas las puertas se convirtieron en salidas. Con estas premisas, un debate cuyo punto de partida es la pregunta “¿Dónde está la puerta de salida?” tiene para mí algo de laberíntico y está condenada a un cul de sac, porque en realidad lo que me cuestiono es cómo he entrado en este lugar/problema. 

Una propuesta en el laberinto de las salidas

Y de este modo, el capitán y yo empezamos a buscar el norte con las brújulas cambiadas aunque con la determinación de alcanzar el mismo destino. Para mí la clave reside en preguntarse qué buscan, por qué quieren instalarse aquí. Debería de plantearlo en primera persona del plural. En mi caso yo no quise quedarme aquí, llegué buscando un lugar lejos de mi espacio habitual con la intención de escribir durante unos meses mi viaje a pie y en solitario junto al Ebro, Mallorca era un lugar de paso en un viaje mayor en el que pretendía conocer mundo, recorrerlo sin tiempo. El resto son azares. Por tanto, mi razón estriba en no querer estar en la ciudad en la que vivía ni en el modo de vida que llevaba en ella. A grandes rasgos vendría a entenderse como una huida del ruido en busca de la calma. Y, evidentemente, no necesité más que unas semanas para comprender que me había ido a “orar a un supermercado”, así lo comentaba entonces. Mallorca me dolió antes de amarla, pero no me fui. 

A partir de esta experiencia lo que planteaba en nuestra búsqueda de la puerta de salida era que el error partía de muy atrás, de Tomas Moro y esa isla llamada “utopía”, de la construcción de un paraíso que nace de levantar muros a nuestra barbarie poniendo mar por medio y en un territorio abarcable, fácil de adaptarse al paso humano. Llegan los que no pueden más pero siguen acariciando un sueño y las touroperadoras, las compañías aéreas, las empresas turísticas y los medios de comunicación, entre otros intereses económicos, nutren esa fantasía ofreciendo esta isla del Mediterráneo Occidental como un paraíso a la medida. Vienen los que quieren salvarse o salvar al mundo y ciegos por el espanto del que proceden no ven más que brillo sin hacerse preguntas determinantes:

 ¿Es esta isla energéticamente sostenible? ¿Puede proveer de agua y alimentos a toda la población que en ella reside? ¿En qué manos están los rincones que aparecen en las fotografías? ¿Tenemos acceso a tantos privilegios como son necesarios para vivir en esa isla que soñamos? ¿Cuál es mi huella ecológica cuando me planteo que puedo tomar un avión en cualquier momento para cualquier punto del planeta? Si mi plan es iniciar en Mallorca un experimento económico, social o medioambiental que contribuya al equilibrio del planeta, ¿por qué será que nadie lo ha logrado antes que yo? 

Por tanto, mi puerta de salida la situaría en la antesala de la entrada. Cosas de disléxica.

Un amanecer en la herida, quizás sea una puerta… autor de la foto J.R. jr

Una salida ante la ceguera de las propuestas

Las reflexiones del capitán no son contradictorias a las mías, pero son diametralmente opuestas. Se centran en empezar a calcular cuántas vidas es capaz de sostener Mallorca y en qué condiciones.

“Somos capaces de preocuparnos por el crecimiento demográfico del planeta y no reparamos en que el ritmo del crecimiento de la población de esta isla es sustancialmente mayor”. “Necesitamos entender cuál es la capacidad de carga de Mallorca, evaluarla, reparar en ella y tomar decisiones que no sólo competen a la administración pública”. “Hay que cambiar el modelo económico. Hemos empezado embridando y poniendo algunos límites a la industria del turismo pero seguimos ciegos ante la voracidad del negocio de la construcción”. “Los oligarcas de la construcción y de la inmobiliaria son más discretos que las empresas turísticas. Ya somos capaces de considerarnos turismofóbicos pero no construcciofóbicos, nuestro espíritu crítico afirma que ‘todos vivimos del turismo’ pero no somos capaces de asumir que ‘todos vivimos de la inmobiliaria’”. “Limitar el uso y la posesión del territorio, esa podría ser una de las puertas de salida”.

Las conversaciones en tránsito no se mantienen de tirón, son flecos que se retoman en los descansos, en las salas de espera, en las diferentes colas para acceder a cualquier servicio… y suelen terminar con una pregunta que invita a otro encuentro, en otro lugar. La que nos planteamos fue ¿Podemos hablar de si nos duelen los procesos que están desfigurando Mallorca?, sabiendo que el interrogante encontrará su momento en el GoOn.